miércoles, 26 de abril de 2017

Muerte de Teresa de la Parra / 23 Abril de 1936

MUERE DE TERESA DE LA PARRA
23 DE ABRIL DE 1936

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Ana Teresa del Rosario Parra Sanojo fue una escritora venezolana más conocida como Teresa de la Parra, quien realmente nació en París en 1889, pero para ese entonces sus padres se encontraban fortuitamente en esa ciudad.  Luego de dos años llegó a Venezuela con su familia la cual formaba parte de la aristocracia venezolana ya que su Padre era un terrateniente. Pasó su infancia en la hacienda de caña "El Tazón", cercana a Caracas.
Luego de morir su padre repentinamente, cuando ella era una niña de 11 años su familia decidió fijar residencia en Europa. Se mudaron a Valencia, España, y Teresa fue internada en el Colegio religioso Sagrado Corazón. Allí comenzó a expresar su inquietud por la poesía. 
En 1909, sin haber cumplido aún los 20 años, compuso unos versos para el día de la Beatificación de la Madre Magdalena Sofía Barat. En el festejo recibió el primero de los muchos reconocimientos que obt a lo largo de su vida; el primer premio escolar.
En 1910, los Parra Sanojo  volvieron a Caracas y se instalaron en una casa de estilo colonial, situada entre las esquinas de Torre y Veroes. En las tertulias que allí se organizaban y en frecuentes reuniones que se daban en los cafés o "botellerías" de la Caracas de principios del siglo XX, la joven escritora tomó apuntes sobre los modismos del español caraqueño, de sus maneras, de sus variantes.
Diferentes editoras venezolanas se interesaron por su escritura, y así sus relatos fueron noticiados en El Universal y en la revista Lectura Semanal. En estos periódicos publicó bajo el seudónimo de Fru-Fru, cuentos como: Un evangelio indio, Buda y la leprosa y Flor de loto, una leyenda japonesa. 
Algunos de los cuentos fantásticos que publicó fueron: El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol.
Asimismo, en 1920 publicó en la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos, su "Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente", que en realidad es una ficción basada en las cartas enviadas por su hermana en numeroso viajes. Animada por el éxito alcanzado por sus artículos y cuentos publicados en los periódicos caraqueños, se dedicó con entusiasmo a la tarea de leer y escribir, y comenzó el Diario de una Señorita que escribió porque se fastidiaba.
En 1921, a los 32 años, su nombre sonó en todos los oídos de la comunidad literaria venezolana; no es para nadie sorpresa que, con motivo de la visita del príncipe de Borbón a Venezuela, se le asignó la tarea de escribir un discurso en respuesta al que ofreció doña Paz de Borbón en homenaje a las mujeres venezolanas. En esta ocasión recibió grandes elogios por la profundidad de su pensamiento y por su encanto prosístico.
En 1923 se trasladó a Paris. En 1924 publicó bajo el seudónimo de Teresa de la Parra, su primera y más famosa novela Ifigenia, con la que participó en un concurso literario en París, auspiciado por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa, con la cual obtuvo el primer premio.
Su fama creció hasta convertirse en una de las escritoras más destacadas de Latinoamérica y colocarse a un lado de Gabriela Mistral, con la que mantuvo una estrecha amistad.
Los años que van de 1928 a 1930 son de intensa actividad para la escritora; fue invitada a Cuba, luego pasó por Caracas y posteriormente viajó a Munich, en el marco de un festival literario dedicado a Wagner; publicó en 1929 su segunda novela, Memorias de Mamá Blanca, la cual escribió en un viaje a Suiza.
Terminada su travesía, en 1931 se instaló definitivamente en Europa. Llevó en proyecto una biografía de Simón Bolívar, por quien sentía gran admiración. Pero no logró terminarla, debido a que en esos días se manifestaron los síntomas de una grave enfermedad pulmonar. 
Para intentar recuperarse se internó en un sanatorio suizo, desde donde mantuvo viva correspondencia con sus amigos. Los deseos de recuperación que recibió de muchas partes de poco le sirvieron, pues su salud empeoró progresivamente. La crítica situación europea que antecedió a la Segunda Guerra Mundial la obligaron a abandonar Suiza; se trasladó entonces al sanatorio de La Fuenfría, en la Sierra de Guadarrama, a pocos kilómetros de Madrid. 
En 1934 se le diagnostica una bronquitis asmática, que finalmente acabó con su vida el 23 de abril de 1936, cuando contaba con 46 años de edad. Para el momento de su muerte la acompañaban su madre, Isabel Sanojo de Parra; su hermana María y su amiga Lydia Cabrera, escritora cubana quien le dedicó a Teresa su libro Cuentos negros.
Sus restos, sepultados en el cementerio de Almudena, fueron repatriados en 1947 al panteón familiar Parra Sanojo y finalmente al cumplirse el centenario de su nacimiento fueron llevados el 7 de noviembre de 1989 al Panteón Nacional de Venezuela.