lunes, 29 de junio de 2015

Un sabio y un santo llamado San Juan

UN SABIO Y UN SANTO LLAMADO 
SAN JUAN



Nuestro Señor Jesucristo dijo de San Juan (El Bautista) quien lo bautizó en el Jordán, en el sitio denominado Bethabara, que además de Santo y Sabio, “era el más grande profeta nacido de mujer”. Juan El Bautista, Patrón y guía de los habitantes del Municipio Carrizal, nació en Hebrón de Judea, hijo de Zacarías e Isabel (Isabel a la vez era prima de la Santísima Virgen María) seis meses antes de la natividad del Unigénito (Jesús de Nazareth) en un establo de Belén de Judea, y debido al parentesco compartió sus años primeros con algunos de los que después fueron Apóstoles de nuestro Señor.
De sus padres derivó enseñanzas preliminares, y de la Sinagoga, las máximas del alma y los ejemplos del ingenio en provecho de la existencia de si mismo y de sus padres. Despuntando la juventud hizo vida solitaria en el desierto, y luego, retornó para predicar la llegada del Mesías, apoyada sus palabras inteligente con el bautismo en el Río Jordán. En su práctica, afirman los libros sagrados y escritores cristianos, que estuvo acompañado de Santiago, Andrés, Juan y Felipe,  amigos, discípulos y seguidores de JESUS EL SALVADOR,  a poco de la degollación del Bautista por orden de Herodes Antiphas.
San Juan Bautista, cuentan los doctos en vida de “Los Santos”, que sus prédicas abarcaban la moralidad, las tradiciones religiosas y la pureza de los sentimientos familiares y sociales. Cuando Herodes Antiphas, casó con Herodías, esposa de su hermano, San Juan el Bautista o San Juan Bautista, lo condenó a los hornos infernales y le atribuyó el calificativo de Satán o la Bestia perversa de los oscuros abismos de la infamia, motivo que condujo al tirano a privar de la libertad al Profeta, y someterlo a las mazmorras de Maqueronte, de donde lo sacó para perdonar sus ofensas, y las que profería contra Herodías y Salomé, hijastra de Herodes, y a la vez sobrina, a la cual deseaba el déspota apasionadamente. Libre por unos días, lo volvieron a encerrar, y a solicitudes de Salomé, la hijastra y sobrina, lo decapitó, para recompensar “La danza de los siete velos”, ejecutada con una “dulzura provocativa” en la fiesta de los embajadores Sirios y Partos, el año veintiocho de nuestra era. El verdugo depositó la “cabeza de la palabra condente y erudita” en una bandeja de palta, y Herodes, la entregó la bailarina, acto criminal que redujo a un silencio condenatorio a los príncipes tributarios de Persia y de Pertos, enviado espaciales, más inclinados al lujo y los ricos banquetes, y al sexo de sus herenes formados por bellísimas mujeres, que a los crímenes perversos a sangre fría.
Los restos del santo y moralista, primado del siglo primero de la era Cristiana, descansan en Samaria, en el pueblo de Aretas, llevado a dicho lugar  por sus amigos y familiares.
El pueblo de Carrizal lo recibió en calidad de Patrón y sus habitantes lo veneran, acatan en su alta significación sagrada y lo llevara en sus corazones como la más bella prenda de sus devociones.  



POR: ANIBAL LAYDERA VILLALOBOS