martes, 13 de agosto de 2013

Historia de Carrizal (XVI). Carrizal 1940.

CARRIZAL EN LA HISTORIA (XVI)

Era principios de los años ´40 y por ese camino llegaba el primer carro a Carrizal; era un Ford y lo manejaba Andrés Artahona;  según el Libro de Registro de Terrenos Comunales y otras Propiedades que llevaba la Junta Comunal del Municipio Carrizal fechado en Octubre de 1940, llegaron al municipio camiones, camionetas y automóviles pertenecientes a los ciudadanos: Eduardo Guevara, Francisco Landaeta, Ángel Marrero, Alberto Machado, Augusto Matamoros, Félix Zambrano, Juan Madinaveitía, Alberto Guinaglia, Daniel del Burgos, Francisco Camposano, Luís Simón, Mario Luchür , Ramón Vidal y Leobigido Pérez.
Estos ciudadanos pagaban sus Patentes por concepto vehículos trimestralmente a la Junta Comunal del Municipio, a razón de Cuarenta Bolívares (Bs. 40,oo) los camiones; Veinticinco Bolívares (Bs. 25,oo) las camionetas y Veinte Bolívares (Bs. 20,oo) los automóviles.
En el mismo Libro de Registro aparecen los pagos de las mensualidades de los Comerciantes establecidos en el municipio, entre los cuales podemos mencionar: Canuto Acosta, Claro Alayón, Clemente García, Dionisio Garcés, Ramón Hurtas, Tomás Hernández, Ángel María Marrero, Francisco Matamoros, Augusto Matamoros, Bernardo Hernández, Pablo Revete, Rosalio Ochoa, León Díaz, Martín Corrales, Pedro Gómez Flores, Pantaleón Vierma, Andrés Vierma y Juan Grimán, quienes tenían negocios de víveres, botiquines, alpargaterías y carpinterías en Carrizal, Corralito, Las Minas, Barrialito, Guareguarito, La Fila de Guareguare y Las Adjuntas.
Éstos lugares antes desde la Donación de Don José Manuel Álvarez, tuvieron una vida quieta y apacible.  Sus moradores estaban dedicados principalmente a las faenas agrícolas, sobre todo de frutos menores y haciendas de café. Posteriormente llegaron las siembras de hortalizas, pero eso fue mucho más reciente.
El pueblo era un lento remanso de vidas y seres.  Acompasados a un discurrir siempre igual.  Nada turbaba esa vida de pocos vecinos.  Encausados entre sus  trabajos y sus familias, alejados de los conflictos y angustias de afuera. El mundo era muy lejano, más allá de sus cerros.  Pocos iban a Caracas, cuando mucho iban a Los Teques y con mayor frecuencia a San Antonio.
Sólo las fiestas patronales y el día del Carmen alborotaban un poco la superficie de Carrizal.  El programa de fiestas lo redactaba Don Francisco Matamoros, quien traía a la población un gran despliegue de cohetes.  La misa solemne la oficiaba algún cura traído de pueblos vecinos, además de la procesión y toros coleados que se hacían en la tarde. Cerraban la Calle de Abajo (Calle Bolívar) con talanqueras y no faltaban vendedores de dulces y granjerías, una que otra ruleta de animales, además de recibir a visitantes de poblaciones vecinas.  Las muchachas se ponían sus mejores vestidos y calzados y se iban a desfilar calle arriba y calle abajo en un continuo remolinear.

Otra de las fiestas que alteraba completamente el ritmo de la población, era la Semana Santa, ya que la vida en esos días giraba alrededor de la Iglesia y las procesiones. Todo el pueblo y los caseríos se volcaban aquí.  Aparte de la celebración religiosa, era una forma social de encontrarse y visitar. Era una de las ocasiones de “ver y dejarse ver”.

El Nazareno tenía mucha devoción y el miércoles santo, no faltaban unos cuantos Nazarenos vestidos con su túnica de liencillo morado, “pagando promesas”.  El jueves santo, en las ceremonias de la mañana, se ponía la llave del “Monumento al Jefe Civil”, raramente a otra persona.  Luego se iban a celebrar a la casa del homenajeado, por lo general entre “tabaco y ron”
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