lunes, 22 de junio de 2015

Acta Nº 22. Noviembre 1901. Junta Comunal de Carrizal


ACTA Nº 22. NOVIEMBRE 1901.
JUNTA COMUNAL DE CARRIZAL





En el municipio Carrizal a los dieciocho días del mes de Noviembre de Mil Novecientos Uno, se reunió nuevamente la Junta Comunal del Municipio Compuesta de todos sus miembros.  El Presidente declaró instalada  y se dio lectura al Acta anterior, la cual fue aprobada.
Enseguida se le dio lectura a una solicitud hecha por el ciudadano FERNANDO PÉREZ, en la cual manifiesta su renuncia a la Presidencia de la Junta, la cual fue aceptada.
Dicha Presidencia quedó a cargo del ciudadano Vicepresidente JESÚS M. ÁLVAREZ y acto seguido se procedió a hacer el nombramiento de los miembros principales y suplentes para componer la Junta Clasificadora de éste municipio en la cual quedaron electos como miembros principales los ciudadanos: RODRÍGO VALERO y ANTONIO PALMARES y para suplentes los ciudadanos: ALGIMIRO CONDE y ÁNGEL DÍAZ.
No habiendo otra cosa que tratar, se dio por terminada la Sesión.
Conformes, todos firmaron el Acta.












jueves, 18 de junio de 2015

Acta Nº 21. Año 1900. Junta Comunal de Carrizal

ACTA Nº 21 DE LA JUNTA COMUNAL

DE CARRIZAL.  SEPTIEMBRE 1900




El 28 de septiembre del mismo año 1900, se volvió a reunir la Junta Comunal de Carrizal.  En ésta oportunidad, presentes los ciudadanos: Fernando Pérez G., Jesús María Álvarez, Manuel A. Díaz, el general Francisco Pérez Carías y Alejandro Díaz, se reunieron en el local destinado para celebrar sus Sesiones.
Los miembros Junta Comunal de éste Municipio, previa presentación de sus credenciales como integrantes de la misma, procedieron a la votación para constituir una nueva Junta Directiva y toda vez realizada las mismas, procedieron al escrutinio. 
Por mayoría de votos, resultaron electos los ciudadanos siguientes: Presidente: Fernando Pérez, Vicepresidente: Jesús María Álvarez y Secretario: Manuel  A. Díaz.
No habiendo otra cosa de qué tratar, el nuevo Presidente declaró instalada la nueva Directiva y acordó comunicarlo al ciudadano Presidente del Concejo Municipal del Distrito Guacaipuro.
Con éste acto, terminó la Sesión, se elaboró el Acta correspondiente y conforme, firmaron el Presidente Fernando Pérez, Vicepresidente Jesús M. Álvarez, Vocal-Secretario Manuel A. Díaz, Vocales Fernando Pérez Carías y Alejandro Díaz.









Acta Nº 20. Año 1900. Junta Comunal de Carrizal

ACTA Nº 20 DE LA JUNTA COMUNAL

AÑO 1900



El Acta de la reunión Nº 20 de la Junta Comunal de Carrizal, que desde el año 1896 tenemos documentación en nuestro Municipio, se efectuó el día 15 de junio del año 1900, con la asistencia de todos sus miembros.  Acto seguido, el Presidente Fernando Pérez, declaró instalada la Junta.  Posteriormente dio lectura a un escrito presentado por el ciudadano Luís Benítez, en el cual manifestaba su formal renuncia al cargo como 1er. Recaudador de Rentas de éste municipio que ostentaba desde el mes de agosto del año 1898, fecha en la cual se realizó el Acta de la Reunión Nº 16 de la Junta Comunal.
En la carta, el ciudadano Benítez, expuso las razones por las cuales renunciaba a dicho cargo, la cual fue aceptada por todos los miembros de la Junta.
En virtud de la urgencia y necesidad que había en el municipio de tener un Recaudador, se nombró interinamente al ciudadano Enrique Álvarez, mientras se proponía una terna al Concejo Municipal del Distrito Guaicaipuro para que decidiesen quien iba a ser el titular del cargo.
Se le participó al Recaudador Interino del nombramiento, quien aceptó el nombramiento.
Con ésa actividad terminó la Sesión y todos firmaron.




miércoles, 17 de junio de 2015

Crónicas de Barrialito (II). José Salas

CRÓNICAS DE BARRIALITO
(II)




Por la cabecera de esta quebrada quedaban los exiguos restos de una huerta, allí iba mi abuela a lavar el maíz remojado en cenizas para hacer arepas de maíz pelado. Además en esta quebrada los vecinos buscaban agua para los oficios de las casas y lavar la ropa; sus hijos decidieron llamarla quebrada de mi abuela al igual que la vega de la vaca que recibió su nombre debido a que allí murió una vaca ahogada. Mi bisabuelo tenía a su cuidado la mencionada vaca para que pastara en las cercanías de la vega.
Mi bisabuelo Marcelino Alfaro era un negrito de pelo ensortijado. Viajo desde Ciudad Bolívar a Caracas por selvas y caminos huyendo de los rigores del servicio militar cuando Marcelino Torres era Gobernador de Bolívar y Cipriano Castro Presidente de la República; se estableció en las haciendas de café de Macarao y las Adjuntas. Vino después a trabajar en un terreno cercano a Barrialito en una de las haciendas de Virgilio Biord. Le llamaron la atención las tierras bañadas por cinco quebradas y tanto le gustaron que juntó  dinero suficiente para comprar el terreno por mil bolívares. Por su parte mi abuela junto a María plantaron café cuyas matas traía mi abuelo Antonio cada semana de la hacienda de Macarao. Ese café llego a ser la mejor fuente de sustento de la familia.
“¡Encarnación, Encarnación!” Era mi abuela que avisaba la muerte de mi bisabuelo Marcelino, corría el año 1948. Así  avisaban con  gritos  a mi tío cachón (Encarnación). Ese mismo año llego mi papá Félix Alcántara al vecindario de Barrialito. Trabajaba en la bodega de Leonardo Díaz en San Antonio de Los Altos; mi papá conocía a Antonio Martínez quien también vino al velorio de mi bisabuelo Marcelino Alfaro.
Un flechazo de Cupido cautivo a mi padre al ver a mi madre María Alfaro. A partir de ese momento fue muy frecuente su visita; mi padre era jardinero y poeta y pasaba mucho tiempo cantando “Si la vida es un jardín las mujeres son las flores y yo que soy jardinero las corto de las mejores”. Al poco tiempo se casaron y tuvieron una prole de 14 hijos. Cuando comenzaron se fueron a vivir a Figueroa de donde era Félix y luego se mudaron a Barrialito, donde mi abuelo Antonio les ofreció terreno y lugar para trabajar; era un bosque espeso ladera abajo, mi abuelo señalaba la extensión del terreno lanzando una piedra para establecer el lindero “por allá por la quebrada que baja por el camino real, da la vuelta hasta llegar a la otra quebrada, de allí al árbol de aquel zamuro hasta la otra quebrada”; allí se establecieron y mi mamá le pagó a mi primo Domingo por matar siete tigras mariposa en un solo día; hicieron una casa grande de bahareque, muchas habitaciones, establecieron un cambural y una siembra gigante de ocumo que vendíamos en la vecindades cercanas.     
Las  viviendas de la comunidad eran de bahareque y se armaban con uno o dos horcones de un árbol recto y los forraban con caña amarga, tara o maguey.
Siempre que se necesitaban varas acudíamos a la vega de caña amarga, de allí su nombre; cada vez que regresábamos de la vega de la vaca, veíamos al frondoso árbol de fruta de pan que en los meses de julio y agosto desparramaba sus frutos que nuestra madre recogía y sancochaba,  y nosotros lo saboreábamos con gusto.  





Crónicas de Barrialito (I). José Salas.

CRÓNICAS DE BARRIALITO
(I)



El sol era una llama de fuego al poniente contrastando con una alfombra oscura que penetraba en las oquedades del bosque en la hoyada.
Habían traído la mercancía consistente en esteras y sacos de carbón, algunos bultos de crisantemos y otros de azucenas. Ahora el trueque se hacía con pacas de papelón, maíz pilado y uno que otro encargo que hacían a mi mamá de una larga lista de necesidades para el campo. La cinta azul para el vestido blanco, el hilo negro para el pantalón y un par de alpargatas. Apertrechados con las cinchas, los burros cargados descendían por caminos de recuas.
María venia en un potro que mi abuelo le prestaba, mientras los hombres montaban en sendas mulas.
Antonio Hernández iba hacia Pipe, camino de Las Mayas, mientras mi abuelo regresaba a Barrialito. Juntos se hacían compañía por el mismo camino.
“Canta la guacharaca en la copa de un yagrumo”, decía Antonio Hernández, mientras mi abuelo replicaba “y el turpial le decía todos los tiempos son uno”. El canto era su filosofía. Estos arrieros vivían de la agricultura y dependían del tiempo para sembrar y cosechar los frutos con los que sostenían sus numerosas familias. 
El azahar brotaba de perfumados racimos de flores del paraíso. Y el acre de las majaguas les inspiraban cantos como el zumba que zumba: “Zumba que zumba que en Caracas estaba yo”, mientras Antonio Martínez replicaba:” Zumba que zumba cuando reventó el cañón”  y uniendo sus voces: “Zumba que zumba que palo que no florea, zumba que zumba no lo busca  cigarrón” y así culminaban en hiláricas carcajadas.
Ascendiendo hacia un paraje cercano a Vuelta Larga, el potro montado por María echaba un relincho que estremeció los nervios a los viajeros, el potro en veloz carrera levanto las patas para perseguir una burra en celos.
Las demás bestias en el desbarajuste votaron parte de la carga por el despeñadero.  Antonio Hernández dominó la bestia con un ágil salto, tomando las riendas del caballo y dándole tiempo a María para que descendiera.
María, hija mayor de Antonio y Sofía, por ser la que conocía las cuatros reglas siempre acompañaba a Antonio en todos sus negocios, llevaba las cuentas y anotaba los encargos.
Después de lo acontecido decidió cambiar a una mula para continuar el camino. Los desfiladeros de Hoyo del Infierno se veían desde la oscuridad. Siguieron bajando entre los caminos hasta llegar al pueblecito de Carrizal para dejar la carga y abrevar a las bestias.
En la bodega de Abreu compraron una botellita de aguardiente aromatizado para lidiar con el camino. La subida de los Morantes era toda aroma de flores; allí, entre  espesas sombras de los bucares cruzaron los cafetales de los Cordobés. Antonio Hernández sentía predilección por los cuentos de la sayona y cuentos de aparecidos que entre la oscuridad se hacían tan evidentes que parecía que se les vinieran  encima con sus lanzas, supuestamente eran animas de aquellos que murieron en la Guerra de Independencia. Movidos por la hora que presagiaba cambios fantasmales con el desbarajuste de los , que asustaba a las bestias y la espeluznante travesía entre matas de pomarrosa, penetraron en la pradera, y allí, en gruesos botalones amarraron las bestias; era un lugar para los viajeros.
Una ciénaga formada por cinco quebradas daba  nombre a este asentamiento llamado Barrialito; hasta allí llegaron juntos y se despidieron los tocayos (Antonio Hernández y Antonio Martínez).
Por la fila de los Budares siguió Antonio Hernández con sus mulas cargadas; por su parte Antonio Martínez descargaba las bestias y llegaba a su casa de bahareque ubicada en una loma desde donde se divisaba el área bañada por las cinco quebradas.
La quebrada de mi abuela “era un hilo de cristal que se filtraba sobre la espesura del bosque impregnando los verdes tablones de hortalizas que crecían en la vega de la vaca”.
Acurrucado en la greda veíamos a mi abuelo labrando la tierra. Durante los meses de julio y agosto disfrutábamos desgranando mazorcas de maíz y desparramando su dorada barba. Depositábamos mazorca tras mazorca en fardos de cocuiza. En la casa, el fogón aguardaba para cocer las mazorcas al rescoldo.  En casa se sacaban los dorados dientes de jojoto tierno con un afilado cuchillo en una batea de madera, luego era molido para elaborar las hallaquitas de maíz tierno, la exquisita mazamorra, crema fina con queso y canela que nos hacia agua la boca...
...Cargábamos canastos de zanahorias, repollo, remolachas y alcachofas, todas cultivadas en la vega de la vaca bajo el cuido de mi abuelo Antonio.
La quebrada de mi abuela se llamaba así debido a que en la cabecera se estableció mi bisabuelo cuando llego allá por el año 1919. Era una loma donde había una casa de bahareque y techo de paja la que luego fue ampliando para albergar su familia: 18 hijos.../...

martes, 16 de junio de 2015

Comunidad Barrialito

BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE 

BARRIALITO

 


La historia de ésta comunidad data aproximadamente de la última década del siglo XIX, según se desprende de las investigaciones realizadas por Velasco A. MacPherson, y plasmadas en el Diccionario Histórico, Geográfico y Biográfico del Estado Miranda. MacPherson es miembro fundador de la Academia Nacional de la Historia. En el tomo editado en 1891,  al referirse a ésta comunidad expresa: “Barrealito: Sitio del Municipio Carrizal, Distrito Guaicaipuro, Sección Bolívar, con 12 casas y 82 habitantes”.
Aproximadamente para esa fecha, según testimonios recogidos entre los habitantes del sector, arribó la pareja compuesta por Marcelino Alfaro y Rosario Martínez (fallecidos), el primero nativo del Estado Bolívar, llegó a estos predios, huyendo por ser desertor del ejército y la segunda tratando de escapar de la peste bubónica que azotó Paracotos;  de esa unión nacieron 18 hijos.  Marcelino Alfaro, empezó a trabajar en las tierras de Virgilio Biord,  francés, dueño de extensiones de terrenos;  posteriormente, al gustarle tanto las tierras, el Sr. Alfaro compró un lote de éstas propiedades; las mismas comprendían lo que hoy se conoce como Km. 18, Los Budares y parte de Barola.
Vecinos de esas tierras eran, entre otros, Verónica Acosta, Juana Espinosa, Nicolasa Saavedra, Dolores Mujica, Petra Mejías, Silveria Belisario, Gervasio Saavedra, Encarnación Rodríguez, Abdón Carrasquel, Hilario Belisario, Mónica Rodríguez, quienes constituyeron, posiblemente, los primeros habitantes que menciona MacPherson en su libro.
Antonio Martínez y Sofía Rodríguez
Al morir Marcelino Alfaro, su esposa Rosarito, como cariñosamente le llamaban, fue vendiendo parte de esas tierras y entregó en efectivo, la herencia correspondiente a cada uno de sus hijos, y reservó en propiedad la parte de la herencia correspondiente a Antonio Martínez uno de sus hijos, esposo de Sofía Rodríguez, de cuya unión nacieron 16 hijos.
El agua la obtenían de un manantial que había debajo de un Matapalo; la luz la lograban de lámparas de kerosén llamadas “mucuritas” y los más pudientes con lámparas a gasolina, marca “coleman”.
Las familias residentes hacían conucos en los cuales sembraban yuca, ocumo, ñame, auyama, zanahoria, arvejas, quinchonchos, caraotas, además de la cría de gallinas y otras aves de corral para su alimentación.
 Las casas eran de bahareque, dormían en catres y esteras, cocinaban en fogones de leña; asimismo, los numerosos hijos de las familias habitantes, se divertían con los juegos tradicionales, tales como bolas criollas, papagayo, metras, perinolas, gurrufío, pelotas, todo de fabricación casera.
Se podía ver fácilmente la presencia de animales como rabipelados, puerco espines, culebras de todo tipo, búhos, perezas, zorros y hay quienes llegaron a ver leones criollos.
Tales testimonios fueron aportados por Esteban Martínez, casado con la Sra. Paula Raga, de cuya unión, coincidencialmente, nacieron 16 hijos; algunos de ellos nos narraron importantes detalles acerca de la formación de ésta comunidad.
Entre otras cosas nos contaron  anécdotas que nos llamaron la atención: una de ellas, fue lo que le sucedió a la familia de Antonio Martínez y Sofía Rodríguez, a quienes se les quemó totalmente la casa y que, afortunadamente todos salieron ilesos;  construyeron otra casa cerca del terreno donde habían tenido el incidente y ésta casa se hundió en el terreno.
Algunos afirman que los más viejos  contaban que “La Sayona” bajaba de la parte alta gritando y llegaba al “Plan de los Muertos “,  donde actualmente está la sede de la U.E. “Tomás de Jesús Quintero”; narran, además, que “las almas” de los difuntos pasaban nueve días en pena antes de irse definitivamente.
Por otra parte, cuando oían el ulular de la lechuza, todas las mujeres del sector se veían pícaramente porque según decían, que cuando oían ese cantar, era porque había alguna embarazada. Historias de los pueblos; y cuando los niños nacían, las parteras solían enterrar el ombligo en algún lugar aledaño al alumbramiento, para que, si algún día se iban, volvieran al lugar, costumbre que nos recuerda el adagio popular: “…a fulano como que le enterraron el ombligo allá…”
Entre los lugares más populares que recuerdan los residentes actuales, está la mata de mora, el plan de los muertos, el café de los Pérez, la casa vieja, la vega de la vaca, la montaña donde buscaban musgo, y lindando con la Escuela Granja.
Actualmente esta comunidad ha quedado reducida a lo que hoy conocemos como Los Martínez y los Mujica.  Mucho de lo que hoy conocemos como Lomas de Urquía,  fue parte de Barrialito. Por cierto  que no debería decirse URQUIA ya que el nombre de la esposa de Guaicaipuro era UQUIRA, dato corroborado a través de varias fuentes históricas. Limita por el norte con Los Budares, por el sur Barola, Este, La Llanada y por el Oeste Loma Gorda.
Esta Oficina agradece expresamente la contribución del señor José Salas habitante del sector Barrialito, quien con sus diligencias y contactos personales hizo posible armar esta crónica.

lunes, 15 de junio de 2015

Comunidad Gran Colombia (II)

BREVE RESEÑA DE LA COMUNIDAD 
GRAN COLOMBIA (II)



El señor Campaña quería cobrar renta pero tampoco tenía papeles.  Se fue y nunca más volvió.  El señor Heriberto Pérez fue presidente 3 veces de la Junta de Vecinos.  El módulo policial fue iniciado por la primera junta.  Se hicieron las escaleras hasta la casa de la señora Brígida de Adrián.
Algunos integrantes de la primera Junta fueron: Ana María Adrián, Magali de Sojo, Juanita Duarte, quien inauguró las escaleras de la comunidad, para lo cual los vecinos aportaban la cantidad de Cien Bolívares (Bs. 100,oo).  Cuando se hacía cualquier trabajo en el sector, iban donde el señor Eduardo Ortiz popularmente conocido como “El Acure” ya fallecido, quien era dueño del Bar “La Alcachofa” y colaboraba con el almuerzo y la cervecita.
Otra de las Juntas de Vecinos estuvo formada por el señor Ángel Esparza (Presidente), Gladis de Rivero (Vicepresidenta), además de Grinolfo Rujano, Fidel Flores, José Pérez.  Durante esa gestión se logró la construcción del tanque de la comunidad.  En ese entonces nuestro municipio pertenecía al Municipio Guaicaipuro y fue la única obra que recibió Carrizal en todo un año.
La 5ª Junta Comunal estuvo conformada por la señora Emma Carreño y Gladys de Rivero quienes lograron la construcción del módulo policial en un terreno donado por el señor Lino Cartaya.
En el módulo en sus inicios se logró que se dictaran cursos del INCE, de cuyos instructores podemos mencionar a la señora Evelin Rivero y en la actualidad funciona un módulo de Barrio Adentro desde hace cuatro (4) años, en el cual la Dra. Natacha Matos, médico cubana, da consulta a todos los habitantes de la comunidad que requieren sus servicios.  Es la primera vez que la comunidad tiene servicio médico en el sitio y donde a la vez se entregan los medicamentos gratuitamente.  Un logro más para la comunidad promovido por Evelin Rivero y Elvia Abreu en conjunto con los proyectos del Gobierno Nacional. 
La cancha de la Comunidad fue iniciada en el primer mandato del Alcalde José Luís Rodríguez y finalizada en el mandato de Félix (Pocho) Palacios.
Entre otras Juntas de Vecinos se encuentran las integradas por Emma Carrero, Javier Gil, Luisa Rojas, Domingo Hernández y Natacha Paulis.
Entre los personajes y primeras familias habitantes de la comunidad podemos mencionar a Brígida de Adrián, Pedro García, Jesús Velásquez, Domingo Hernández, Inocencia Apolinar Escalante, Pinocho, Fidel Flores, Grinolfo Rujano, Juana Giménez, Socorro (la mamá de Julio), Saturnina Guzmán (Nina), la señora Elba, Elvia, Gladys de Rivero, Jesús Ortiz, Eduardo Ortiz (El Acure), Otilia Salazar, Urbano, Cointa, Oswaldo y Carmen, entre otras personas.
Entre las entrevistas que se pudieron realizar, está la señora Olga Troitiña, quien para el momento de esta conversación manifestó que vive en la comunidad desde que nació, ya que su mamá llegó a estas tierras en el año de 1945 y ella nació diez años luego, o sea en 1955.
Nos comentó la señora Olga quien es ama de casa, que la comunidad se fundó como tal en 1979, en un ambiente de campo.  Había muchas matas de café y en tiempo de invierno se veía mucho lirio y gladiolas.  Sólo estaba la casa de su madre.  Evidentemente no había ni electricidad ni agua potable, y se alumbraban con lámparas de kerosén.  El agua la buscaban en la calle principal y la trasladaban por el único caminito que había.  Con el tiempo empezaron a mudarse más personas y a hacer casitas de bloque.
Donde está el liceo Villalobos había una bomba la cual bombeaba agua por ratos a cada sector.  Llegaba hasta la Camburera donde vivía la señora Josefina.  Su familia llevaba 2 pipotes y lo cargaban poco a poco hasta su casa.
Entre las historias de aparecidos, se dice que en oportunidades se escuchaba la llorona.  Hoy día algunos vecinos dicen que todavía la escuchan.  Hay otra leyenda que dice que detrás de una mata de mango salía corriendo un hombre y se movían las matas de café.  Al día siguiente uno iba a ver y todo estaba igualito.  También se oía una cochina con sus cochinitos, los cuales dejaron de escuchar cuando pusieron la electricidad.
En la comunidad existieron entre otras, organizaciones como el Comité de Salud, el cual estuvo integrado por Elvia Abreu, Evelin Rivero, Lindolfo Rujano, Lesyani Ortiz y Olga Troitiña. 
Este material fue preparado en el año 2004, por la Oficina del Cronista Municipal de Carrizal con la información brindada por la Sra. Gladys Bello de Rivero (†), muy lamentablemente, recientemente fallecida.