lunes, 10 de agosto de 2015

Reseña Histórica de Barrialito (I). José Salas.

CRÓNICAS DE BARRIALITO

Fotografía Aérea de Barrialito.  Google Earth.
El sol era una llama de fuego al poniente contrastando con una alfombra oscura que penetraba en las oquedades del bosque en la hoyada.
Habían traído la mercancía consistente en esteras y sacos de carbón, algunos bultos de crisantemos y otros de azucenas. Ahora el trueque se hacía con pacas de papelón, maíz pilado y uno que otro encargo que hacían a mi mamá de una larga lista de necesidades para el campo. La cinta azul para el vestido blanco, el hilo negro para el pantalón y un par de alpargatas. Apertrechados con las cinchas, los burros cargados descendían por caminos de recuas.
María venia en un potro que mi abuelo le prestaba, mientras los hombres montaban en sendas mulas.
Antonio Hernández iba hacia Pipe, camino de Las Mayas, mientras mi abuelo regresaba a Barrialito. Juntos se hacían compañía por el mismo camino.
“Canta la guacharaca en la copa de un yagrumo”, decía Antonio Hernández, mientras mi abuelo replicaba “y el turpial le decía todos los tiempos son uno”. El canto era su filosofía. Estos arrieros vivían de la agricultura y dependían del tiempo para sembrar y cosechar los frutos con los que sostenían sus numerosas familias. 
El azahar brotaba de perfumados racimos de flores del paraíso. Y el acre de las majaguas les inspiraban cantos como el zumba que zumba: “Zumba que zumba que en Caracas estaba yo”, mientras Antonio Martínez replicaba:” Zumba que zumba cuando reventó el cañón”  y uniendo sus voces: “Zumba que zumba que palo que no florea, zumba que zumba no lo busca  cigarrón” y así culminaban en hiláricas carcajadas.
Ascendiendo hacia un paraje cercano a Vuelta Larga, el potro montado por María echaba un relincho que estremeció los nervios a los viajeros, el potro en veloz carrera levanto las patas para perseguir una burra en celos.
Las demás bestias en el desbarajuste votaron parte de la carga por el despeñadero.  Antonio Hernández dominó la bestia con un ágil salto, tomando las riendas del caballo y dándole tiempo a María para que descendiera.
María, hija mayor de Antonio y Sofía, por ser la que conocía las cuatros reglas siempre acompañaba a Antonio en todos sus negocios, llevaba las cuentas y anotaba los encargos.
Después de lo acontecido decidió cambiar a una mula para continuar el camino. Los desfiladeros de Hoyo del Infierno se veían desde la oscuridad. Siguieron bajando entre los caminos hasta llegar al pueblecito de Carrizal para dejar la carga y abrevar a las bestias.
En la bodega de Abreu compraron una botellita de aguardiente aromatizado para lidiar con el camino. La subida de los Morantes era toda aroma de flores; allí, entre  espesas sombras de los bucares cruzaron los cafetales de los Cordobés. Antonio Hernández sentía predilección por los cuentos de la sayona y cuentos de aparecidos que entre la oscuridad se hacían tan evidentes que parecía que se les vinieran  encima con sus lanzas, supuestamente eran animas de aquellos que murieron en la Guerra de Independencia. Movidos por la hora que presagiaba cambios fantasmales con el desbarajuste de los aguaitacaminos, que asustaba a las bestias y la espeluznante travesía entre matas de pomarrosa, penetraron en la pradera, y allí, en gruesos botalones amarraron las bestias; era un lugar para los viajeros.
Una ciénaga formada por cinco quebradas daba  nombre a este asentamiento llamado Barrialito; hasta allí llegaron juntos y se despidieron los tocayos (Antonio Hernández y Antonio Martínez).
Por la fila de los Budares siguió Antonio Hernández con sus mulas cargadas; por su parte Antonio Martínez descargaba las bestias y llegaba a su casa de bahareque ubicada en una loma desde donde se divisaba el área bañada por las cinco quebradas.
La quebrada de mi abuela “era un hilo de cristal que se filtraba sobre la espesura del bosque impregnando los verdes tablones de hortalizas que crecían en la vega de la vaca”.
Acurrucado en la greda veíamos a mi abuelo labrando la tierra. Durante los meses de julio y agosto disfrutábamos desgranando mazorcas de maíz y desparramando su dorada barba. Depositábamos mazorca tras mazorca en fardos de cocuiza. En la casa, el fogón aguardaba para cocer las mazorcas al rescoldo.  En casa se sacaban los dorados dientes de jojoto tierno con un afilado cuchillo en una batea de madera, luego era molido para elaborar las hallaquitas de maíz tierno, la exquisita mazamorra, crema fina con queso y canela que nos hacia agua la boca...
...Cargábamos canastos de zanahorias, repollo, remolachas y alcachofas, todas cultivadas en la vega de la vaca bajo el cuido de mi abuelo Antonio.
La quebrada de mi abuela se llamaba así debido a que en la cabecera se estableció mi bisabuelo cuando llego allá por el año 1919. Era una loma donde había una casa de bahareque y techo de paja la que luego fue ampliando para albergar su familia: 18 hijos.
Por la cabecera de esta quebrada quedaban los exiguos restos de una huerta, allí iba mi abuela a lavar el maíz remojado en cenizas para hacer  arepas de maíz pelado. Además en esta quebrada los vecinos buscaban agua para los oficios de las casas y lavar la ropa; sus hijos decidieron llamarla quebrada de mi abuela al igual que la vega de la vaca que recibió su nombre debido a que allí murió una vaca ahogada. Mi bisabuelo tenía a su cuidado la mencionada vaca para que pastara en las cercanías de la vega.
Mi bisabuelo Marcelino Alfaro era un negrito de pelo ensortijado. Viajo desde Ciudad Bolívar a Caracas por selvas y caminos huyendo de los rigores del servicio militar cuando Marcelino Torres era Gobernador de Bolívar y Cipriano Castro  Presidente de la República; se estableció en las haciendas de café de Macarao y las Adjuntas. Vino después a trabajar en un terreno cercano a Barrialito en una de las haciendas de Virgilio Biord. Le llamaron la atención las tierras bañadas por cinco quebradas y tanto le gustaron que juntó  dinero suficiente para comprar el terreno por mil bolívares. Por su parte mi abuela junto a María plantaron café cuyas matas traía mi abuelo Antonio cada semana de la hacienda de Macarao. Ese café llego a ser la mejor fuente de sustento de la familia.
“¡Encarnación, Encarnación!” Era mi abuela que avisaba la muerte de mi bisabuelo Marcelino, corría el año 1948. Así  avisaban con  gritos  a mi tío cachón (Encarnación). Ese mismo año llego mi papá Félix Alcántara al vecindario de Barrialito. Trabajaba en la bodega de Leonardo Díaz en San Antonio de Los Altos; mi papá conocía a Antonio Martínez quien también vino al velorio de mi bisabuelo Marcelino Alfaro.
Un flechazo de Cupido cautivo a mi padre al ver a mi madre María Alfaro. A partir de ese momento fue muy frecuente su visita; mi padre era jardinero y poeta y pasaba mucho tiempo cantando “Si la vida es un jardín las mujeres son las flores y yo que soy jardinero las corto de las mejores”. Al poco tiempo se casaron y tuvieron una prole de 14 hijos. Cuando comenzaron se fueron a vivir a Figueroa de donde era Félix y luego se mudaron a Barrialito, donde mi abuelo Antonio les ofreció terreno y lugar para trabajar; era un bosque espeso ladera abajo, mi abuelo señalaba la extensión del terreno lanzando una piedra para establecer el lindero “por allá por la quebrada que baja por el camino real, da la vuelta hasta llegar a la otra quebrada, de allí al árbol de aquel zamuro hasta la otra quebrada”; allí se establecieron y mi mamá le pagó a mi primo coco Domingo por matar siete tigras mariposa en un solo día; hicieron una casa grande de bahareque, muchas habitaciones, establecieron un cambural y una siembra gigante de ocumo que vendíamos en la vecindades cercanas.     
  Las  viviendas de la comunidad eran de bahareque y se armaban con uno o dos horcones de un árbol recto y los forraban con caña amarga, tara o maguey.
Siempre que se necesitaban varas acudíamos a la vega de caña amarga, de allí su nombre; cada vez que regresábamos de la vega de la vaca, veíamos al frondoso árbol de fruta de pan que en los meses de julio y agosto desparramaba sus frutos que nuestra madre recogía y sancochaba,  y nosotros lo saboreábamos con gusto.  










Reseña Comunidad Santa María, Km. 19, Carretera Panamericana.


BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA COMUNIDAD
“SANTA MARÍA”, KM. 19 CARRETERA PANAMERICANA




En los años ´70, el Decreto de Desconcentración Industrial dictado por el entonces Presidente de la República Dr. Rafael Caldera, desplazó numerosas industrias caraqueñas hacia los Altos Mirandinos, lo que produjo la migración de mano de obra y la perspectiva de numerosos nuevos empleos para muchos venezolanos.  Es así como procedente del Estado Zulia el ciudadano Pedro Pablo Polanco conjuntamente con su esposa la señora María Pastora Álvarez, llegaron a éstos lares en busca de una “nueva vida”.
Al arribar, buscaron un sitio donde construir una vivienda y después de caminar de un lado a otro por todos estos Altos y ceñir la mirada en tantos bordes de cerros, un poco más abajo del Km. 18, en sentido hacia los Teques, en la Carretera Panamericana encontró atractivo y oportuno un recodo, al lado de la Quebrada Santa María. Ésta Quebrada pertenece una de las microcuencas del municipio Carrizal, situada al oeste del Municipio, y circunda las vecindades de Los Cerritos; tiene sus afluencias o fuentes en las aguas El Cañaón, vuelta de los Yagrumos y Laguna de Los Patos.
El sitio era bastante  accidentado, sin embargo le pareció a Pedro el  propicio para continuar su vida de pareja y en ese rincón se instaló para luego mandar a buscar al Estado Zulia, al resto de su familia.
El primero que se vino de todos los hijos del señor Pedro Pablo, fue Delfín Álvarez  Chirinos, quien se enamoró literalmente del sitio y al igual que su padre, trajo a sus hijos Pedro José, Omaira, Eva, Francisco, Pastor y María, a residir en ese lugar, que luego llamaron Comunidad Santa María, en honor a la quebrada.
Los Álvarez Chirinos, como se apellidan, ha visto crecer allí a los integrantes de su familia que asciende aproximadamente a 100 personas, además de dos familias más que viven en el sitio y no pertenecen a su descendencia.
Desde que llegaron al sitio,  no han tenido, según testimonios de los habitantes, ningún tipo de ayuda gubernamental.  Todos los servicios que han conseguido se deben a diligencias personales y autogestión. No tienen bodegas, ambulatorios, ni ningún otro tipo de asistencia de salud o servicios.
Ha habido tres (3) eventos que tristemente han marcado a los habitantes de la comunidad: En el año 1983, viniendo de los Teques, fue atropellada al cruzar la panamericana, la señora María Irene Chirinos, esposa del señor Pedro, fundador de la comunidad, quien falleció posteriormente en el hospital. 
En el año 2000, fue también atropellada Luisa Chirinos con sus dos hijos Daysi y Wilder.  Falleció el varón Wilder en el accidente.
En el año 2008, perecieron también producto de arrollamiento, Jeyson y Delvis Ortiz, hijos de María Álvarez Chirinos, quien nos concedió ésta entrevista.
La comunidad cuenta aproximadamente con 15 viviendas, en mediano estado de conservación y espera la colaboración de entes municipales y gubernamentales para solventar la inmensa cantidad de problemas que le aquejan.



Biografía de Alexis Padilla Nuñez

BIOGRAFÍA DE ALEXIS PADILLA NUÑEZ


Alexis Padilla

Por el año de 1.941, llegaba a este pueblo, proveniente de la Guaira, el señor Pedro Padilla, su señora esposa Teresa Núñez de Padilla y siete hijos todos menores de edad. El segundo de esta prole era Alexis, que para este entonces contaba apenas de 10 años de edad, ya que había nacido un Diez de Abril de 1.931.
Dentro de los grandes problemas que atravesaban sus padres, más el desafía de ir a convivir con gente y clima extraños para ellos, no fue obstáculo para que poco a poco se fuera formando en él, y toda su familia, el empeño de radicarse definitivamente en este pueblo.
Alexis contaba con 17 años cuando murió su padre y comienza para él, un gran reto a la vida como encargado de toda la familia, a esa corta edad, y que para ese momento ya eran los hermanos y madre.
Esas dificultades no medraban su inquietud por los deportes, sobre todo hacia el Boxeo y el Béisbol, este último lo va a practicar con más empeño, siguiendo la línea de su padre Pedro, quien al llegar a este pueblo junto con varias personas aficionadas en esa época funda el primer equipo organizado de Béisbol, el Carrizal B.B.C 1943 y quienes lograrían muchos triunfos en los Campeonatos Distritales y en Los Terrenos de Corralito, la Mata y La Hoyada, así como en las poblaciones de Cúa, Charallave, Paracotos y San Francisco de Yare.
El campo de Corralito, citado anteriormente, era un terreno muy inclinado y con muchos obstáculos, pero era el único espacio suficientemente amplio para la práctica de esta deporte que se encontraba situando justamente en frente de la casa donde el murió.
Para esa fecha este Estadio no existía, ya que estos terrenos eran en parte una vega de sembradíos de café y hortalizas, y donde amarraban sus arreos de burros todos aquellos campesinos de los distintos vecindarios que vendrán a vender sus productos para trasladarlos a Caracas, donde se criaban y mataban cochinos y ganados, donde los muchachos volaban sus papagayos y jugaban trompo y metas, y los célebres palos ensebados y cochinos engrasados de las fiestas patronales, y donde también saldaban las cuentas pendientes a garrotazo limpio, las personas que tenían sus diferencias, por esas razones este era el “gran corralón” punto de concentración de aquel Carrizal rural ya desaparecido.
A comienzo de los años 50 y por iniciativa del Jefe Civil, Juan Morantes, se hicieron gestiones con los dueños de las bienhechurias existentes, se convirtió y se colocaron las primeras estructuras del Campo de Béisbol que a través de los años y con varias remodelaciones se convertiría en lo que es hoy, el Estadio “Alexis Padilla “y que ha servido y servirá para la formación deportiva y recreacional de campo abierto a varias generaciones de la población.
Alexis vivió esa época y le pregonaba constantemente con orgullo, porque junto con los que hoy le hacemos este homenaje, trabajamos, machete y escardilla en mano para mantenerlo y limpiarlo, porque pocas veces el organismo encargado de éste no tenía el presupuesto para su mantenimiento.
Para éstos tiempos, entre los años 50 y 60, jugaba el zurdo Padilla para el “Cooperativa Star”, juego pasaría al equipo “Guaicaipuro” de los Teques del (equipo de su vida), también actuó con algunos equipos de Caracas y La Guaira, donde cosechó una buena cantidad de triunfos, también representó El Distrito Guaicaipuro y al Estado Miranda en campeonatos Nacionales. Ya sus últimas actividades como jugador en el campo lo efectuó con el equipo “los mochos” entre los años 80 y 90.
Es una lástima que el Béisbol tequeño se lleven los récords, ya que éste hombre como lanzador, que fue su posición favorita, se cree fue el que más juegos ganó y el que más bateadores abanicó, ya que poseía una velocidad impresionante que rondaba las 90 millas.
Entre sus hazañas se recuerdan particularmente los 20 ponches que propinó en un juego en Caracas en el año 1.954 contra el equipo “Chapellín”, en un Campeonato Inter-Obrero. También cuando lanzó dos partidos en un mismo día en el Estadio Guaicaipuro de Los Teques. Luego regresó a Carrizal para hacerse a cargo del equipo como manager y jugador de equipos. Fue un hombre de una exigente disciplina, ya que pensaba que allí estaba la clave del éxito.
Después de su largo trajinar por diversos campos deportivos como jugador activo, se dedicó a la enseñanza y preparación de atletas, sobre todo de las categorías menores donde puso todos sus conocimientos y dedicación para ganar varios campeonatos con la divisas de Carrizal.
Su nombre fue tomando en cuenta en el año 1.990 para formar parte como Técnico del equipo de Béisbol que representó a Venezuela en el campeonato Mundial en la Ciudad de México.
Fue un hombre de carácter recio, pero de una bondad y solidaridad a toda prueba, su personalidad infundía respeto a todos los que lo conocían y tuvieron la suerte de tratarlo, su amistad no tenía límites y siempre estaba dispuesto a tenderle la mano a quien lo necesitara sin escatimar esfuerzo alguno. Seguros estamos que su imagen vivirá siempre en la memoria de todos los que lo conocimos, su ejemplo servirá de guía a los jóvenes deportistas que de aquí surjan.   
El 14 de Febrero de 1.991, el Alcalde José Luís Rodríguez y la Cámara en pleno, por unanimidad, deciden reconocer en vida esta trayectoria fructífera y llena de logros, y es así como se dispone identificar el antiguo Estadio “Vidal López”, con el nombre de “Alexis Padilla”, hecho éste que lleno de júbilo y orgullo a toda la comunidad.
El Tuerto Padilla, el Zurdo Padilla, murió el 23 de Septiembre de 1.992 y al año siguiente exactamente el 24 de Septiembre de 1.993, fue reinaugurado el estadio que honra su nombre, para beneficio de la colectividad de Carrizal, con las innovaciones que hoy todos disfrutamos.         


Tomado de: www.carrizal-miranda.gob.ve







miércoles, 29 de julio de 2015

Mi vivencia del Terremoto de 1967.

48 AÑOS DEL TERREMOTO DE 1967


Ese sábado, como todos los sábados desde que tenía uso de razón, mi familia y yo, regresamos  aproximadamente como a las 7:30 de la noche desde la Iglesia Adventista del 7mo. día ubicada en la 2ª Avenida de Propatria, de la populosa parroquia de Catia en Caracas, hasta nuestra residencia ubicada en las Lomas de Urdaneta.  Nos detuvimos en la bodega de “Gregorito”, donde mi padre compró el acostumbrado ¼ de kilo de queso amarillo para la cena y luego en la panadería de “Adriano” para comprar dos (2) bolívares del pan de “a locha” que complementaría aquel exquisito manjar que constituía para mis hermanos y para mí, a diferencia de las "comidas completas", aquellas fabulosas "balas frías" de algunos sábados por la noche, luego de haber pasado el día en los oficios religiosos, motivos de nuestras creencias.
Mi madre, preparó el acostumbrado y delicioso chocolate “La India” con el que acompañaríamos los “panes rellenos”, nos sentamos a la mesa y luego de la oración, disfrutamos la cena, no sin antes como casi siempre, derramarse sobre el mantel, el líquido de alguna taza.

Acto seguido, mi hermano Luís, fue a darse un baño en la piscina de la casa (un pipote con agua que teníamos en el baño para casos de emergencia) y yo me quedé jugando y platicando con mi hermano mayor Abel y mis hermanos menores, Néstor y Joel. Mi madre Trina Margarita, salió a conversar con las vecinas de nuestro apartamento en el pasillo, con mi hermanita recién nacida Zuleynne en sus brazos.
Recuerdo que en esos días, mi abuelita Juana Lucina (madre de mi papá), estaba de visita en la casa disfrutando de sus nietos, y en ese momento, cerca de las 8:00 de la noche, estaba conversando con mi padre Francisco Daniel; además de recoger los utensilios y el desastre que habíamos dejado en la mesa.
De pronto, se escuchó un ruido muy fuerte, áspero, rudo y extremadamente desagradable; para mí, era como el rugir o sonido gutural miles de animales gigantescos que en desbandada, corrían hacia nosotros.  Quedamos estupefactos, muertos de miedo al no saber de dónde provenía tan espantoso sonido.
De pronto, comenzó a moverse el edificio con tanta violencia, que las paredes literalmente, casi chocaban unas contra otras, los vidrios de la ventanas cedían ante tan impetuoso movimiento, se quebraban haciendo que el ruido fuese más aterrador.  Los muebles, los enseres, todo el mobiliario de la casa, danzaba conjuntamente con nuestros cuerpos al son del estruendo que causaba la estampida de aquellos monstruosos animales, que en mi mente, nos “atacaban”.
Mi mamá, entró al apartamento con mi “hermanita” apoyada en su cintura y gritó a mí padre: “Daniel……Es la segunda venida de Cristo….vamos muchachos, corran…..vamos a bajar….. Corramos, que Cristo viene……..!!!!!! (Vivíamos en un 9º piso).
Mi abuelita, con toda la paciencia que la caracterizaba, recuerdo claramente que entró a la cocina y apagó la hornilla en la que le preparaban el “tetero” a mi hermanita recién nacida, luego me enteré que apagó las luces, trancó la puerta y esperó que bajara toda la gente, con su imperturbabilidad, pues “a ella no la iba a tumbar esa cantidad de gente que bajaba corriendo”.  
Yo salí del apartamento acompañado de mi hermano mayor, mientras que de los apartamentos de todo el “bloque”, salía gente horrorizada, enloquecida ante aquel inédito y espeluznante suceso.  El proceso de bajar desde el piso 9 hasta la Planta Baja, fue para mí eterno en virtud de que por las escaleras, rodaba mucha gente, ya que todos queríamos evacuar el edificio lo más rápido posible para ponernos a salvo.  No sé cuántas señoras mayores, niños y gente vi arrollada por la gran cantidad de personas que les tropezaba, pasaba por encima o bien, caía sobre ellos tratando de huir.
El terror era tal, que recuerdo que mi hermano Abel me dijo: “…Hermano, vamos a saltar (ya íbamos por el piso 7) para llegar más rápido abajo…”, a lo que yo, que tenía en ese entonces 10 años le contesté: “…si nos lanzamos, nos matamos más rápido”. 
Al llegar a la Planta Baja, el terror fue más impactante aún, por la cantidad de personas con crisis de nervios, desmayadas y heridas que se encontraban fuera del edificio.  De pronto escuché que mi hermano Luís, quien estaba bañándose al momento de comenzar el estruendo y movimiento, me llamó y me dijo que le diera mi camisa, porque él, había salido desnudo del baño y había bajado todo el edificio y hasta la vereda 41 del Cuartel Urdaneta, tal y como Dios lo trajo al mundo.  Por supuesto, me la quité y él se le colocó de la “cintura para abajo”.
Yo no sabía, qué era lo que estaba ocurriendo, hasta que escuché a la gente hablar de que era un “terremoto” lo que había sucedido. Recordé que en clases de historia, nos habían “dado” ya como materia vista, el terremoto de 1812 en Caracas, y es allí cuando yo asocié el hecho en sí, con sismo, temblor, terremoto, un fenómeno de la naturaleza y no con una jauría de animales mitológicos en busca de nosotros.
La gente oraba, se persignaba, lloraba, prometía a Dios alejarse de sus “malos caminos”, especulaba sobre el porqué nos había sucedido semejante “cosa”.
En los días subsiguientes al terremoto, nos enteramos por la prensa, la magnitud de lo que ese día habíamos vivido y el saldo tan desconsoladoramente triste.
Ese terremoto fue estimado en 6,5 en la escala de Ritcher. Su epicentro se ubicó entre Arrecife y Naiguatá, en el Litoral Central de Venezuela. Su terrorífica ola de expansión abarcó violentamente a las zonas de Altamira, Los Palos Grandes, y el propio Litoral Central. Muchos presenciaron con horror cómo se desplomaban construcciones que hasta ese momento se consideraban sólidas, como lo fueron los edificios Neverí y Palace Corvin en Altamira, San José y Mijagual en Los Palos Grandes. Lo impresionante fue ver según contaron los testigos, cómo se derrumbaban. Parecían castillos de arenas que el viento arrasaba, decían. Quedaron también afectados por la intensidad del sismo los edificios El Roxul, Royal Coral y Blue Palace, en esa misma zona.
foto tomada de terremoto de venezuela1967.blogspot
Era también impactante ver en la prensa, cómo La Mansión Charaima, en el Litoral Central, perdió los cinco últimos pisos. También el Macuto Sheraton sufrió fuertes daños en sus estructuras.
El saldo del terremoto del 29 de julio de 1967 fue de más de 500 muertos, decenas de heridos y más de 48.000 personas sin vivienda. Todo en tan solo 32 segundos. 
Al fuerte sismo le continuaron 30 réplicas más de menor intensidad, pero que cada una de ella nos llenaba de pánico ya que teníamos el temor del primer sismo que fue considerado un terremoto por la gravedad de su escala. Para hacer más sombrío el hecho, apareció una pertinaz lluvia que duró por muchas horas.
Particularmente, es el evento más impresionante que he vivido y que recuerdo con horror, aun cuando han pasado 48 años desde entonces.


miércoles, 22 de julio de 2015

Iglesia San Charbel. Aníbal Laydera V.

IGLESIA SAN CHARBEL






Las palabras buena y encendida de fe del Obispo de la Diócesis de Los Teques Monseñor Dr. Mario Moronta Rodríguez, en misa concelebrada abrió a la concurrencia las puertas de la iglesia de San Charbel (Santo Libanés) en el sector Montaña Alta de Carrizal, es una ceremonia inaugural verdaderamente impresionante, debido a la muy nutrida feligresía que llenó las naves (una amplia sala) en su mayoría procedente de las urbanizaciones que conforman el lugar.
El acto litúrgico se realizó el martes veintitrés (23) de abril de mil novecientos noventa y seis (1996) de cinco y cincuenta de la tarde a las nueve de la noche. Los fieles vieron y oyeron a sus dignatarios esenciales doctores Pio Bello Ricardo, Eduardo Boza Masvidal, a los Obispos Mario Moronta Rodríguez y al Moronita Wadih Pedro Talla, a los párrocos de los Altos Mirandinos Miguel Hernández, Alfonso Gutiérrez, Armando Rodríguez, Leonel Vera, Armando Requena y al gobernador Enrique Mendoza, al ex –gobernante Dr. Arnaldo Arocha Vargas, al alcalde de los Salías, a nuestro alcalde profesor F. R. Palacios Colina, a la mayoría de nuestros concejales, altos y empleados medios de la municipalidad, y a más de mil creyentes que desde la Cancha deportiva local en un desfile digno de encomio plenaron el moderno templo. Hubo también intervención de la Coral Niños Cantores de Carrizal y en el abrazo de paz, una fraternidad pocas veces observada en dicha comunidad.
La hermosa y amplia iglesia fue un obsequio a Carrizal de los hermanos Torbay (Mauricio y Eduardo) como un presente por el milagro concedido a la hija de Mauricio por San Charbel, quien la devolvió el don de la voz que tanto la esposa como el propio Mauricio le habían solicitado y que les fue concedido. El apetecido milagro obligó a los Torbay a cumplir su promesa, y Montaña Alta resulto depositaria de una prenda cristiana preciosa con suficiente capacidad y comodidades.    




POR: ANIBAL LAYDERA VILLALOBOS

Reseña Histórica del Preescolar de Montañalta

RESEÑA HISTÓRICA DEL CENTRO

 PREESCOLAR “MONTANALTA”


ELABORADO POR: MARIBEL VASQUEZ R.

El Centro Preescolar “Montañalta” ubicado en Colinas de Carrizal, Avenida El Lago. Sector Montañalta, surge como una necesidad de la Comunidad a la cual está adherida; por convenio la constructora de la Urbanización (Bel – Valle  C.A) asume el diseño y la construcción del mismo, finalizada la obra es entregado al Ministerio de Educación para que designara el cuerpo del Personal que se haría cargo de la Institución, creando políticas de mantenimiento y funcionamiento.

   El Ministerio de Educación en miras de dar curso a los planes y proyectos previstos para la fecha le asigna la denominación de Centro Preescolar por la capacidad de espacio físico con que cuenta para crearse las 12 secciones que exigía el programa para tal denominación conservándose el nombre ubicación del Plantel. Del mismo modo, ésta Institución es nombrada por la Zona Educativa del Estado Miranda como Piloto del Sector Nº 01; dándole morada al Equipo Técnico Zonal, actualmente Equipo de Capacitación Permanente del Estado en cuestión, destacándose que en los actuales momentos está sigue siendo su sede. 
   Fue el 23 de Enero de 1982 bajo el jubileo de tal magna celebración, que éste Centro Educativo habré sus puertas por primera vez con 04 docentes y 01 director. Con una matrícula total aproximada de 100 niños repartidos equitativamente entre el número de maestras en existencia.
   Luego para el periodo escolar 1982-1983; se incorporan 03 docentes más dos para el turno de la mañana y uno para el turno de la tarde incrementándose la matrícula considerablemente.
   En vista de que la demanda y la población estudiantil crecía de manera significativa los docentes del Plantel se le imposibilitaba atender las diferencias individuales de los niños y niñas implementándose el programa de voluntariado. Al correr de los años se incorporan 2 auxiliares una para cada turno. Prosiguiendo con el trabajo con los voluntarios, tal era la utilización del recurso que se llevaba y reposa en los archivos muertos de la Institución una ficha para control de voluntarios.
   Progresivamente la llegada de nuevas asistentes y el establecimiento de una matricula de 30 niños para los grupos de 5 y 6 años y 25 niños para los de 3 y 4 años, hicieron que el trabajo con los voluntarios decayera considerablemente hasta el punto que para muchos educadores constituía un estorbo el hecho de tener que lidiar con estas personas, argumentando que no estaban preparadas para  asumir el apoyo pedagógico esperado por ellos. Ahora bien, por el correr de los años y con la puesta en marcha de la Resolución expedida por el Ministerio de Educación acerca de la congelación de los cargos de Asistentes de Preescolar el número existente en vez de aumentarse, decrece y nuevamente el Centro atraviesa por una situación tan parecida como en sus inicios; por lo cual los docentes en solución de sus problemas asume nuevamente la ayuda y colaboración de los voluntarios, no con la misma apertura y sensibilización sino como una vía de escape para poder atender las individualidades presentes en las áreas.
   Finalmente, un grupo que cree y les asigna el mérito a estas personas comienza una búsqueda de alternativas y posibilidades para incorporar la forma efectiva a éste personal. Sin embargo, el proyecto decae por la inconsistencia del mismo, por no atacar la raíz del problema que se enmarca dentro de la debida capacitación sistemática y estructurada del Voluntariado, brindándole herramientas básicas para desenvolverse asertivamente dentro de las actividades pedagógicas presentes en las aulas de clase.
Hoy por hoy el Centro Preescolar “Montañalta” ha conservado su prestigio, cuenta con 11 secciones y una matrícula general que se ha mantenido en los últimos años entre 315 a 325 niños.

  

lunes, 20 de julio de 2015

Hacienda Villa Josefina. Escuela Granja de Carrizal

HACIENDA VILLA JOSEFINA
(ESCUELA GRANJA DE CARRIZAL)




El área ocupada por esta hacienda corresponde  hoy a la Escuela Granja de Carrizal. Caída la dictadura esta hacienda fue invadida por un grupo de personas del lugar y han ocupado y preparado el área de las vaqueras, cochineras y polleras para viviendas.
Según cuentan los vecinos del lugar, esta hacienda era propiedad del coronel Pulido Barreto, personaje muy cercano al General Marcos Pérez Jiménez. Cuando cae el gobierno dictatorial, Pulido Barreto tiene que huir del país y es así como esta propiedad queda abandonada. Antes de la invasión  esta quinta funcionaba como un club de campo (country club), con servicio de piscina. Tenía todas las comodidades para ese fin. Por muchos años las instalaciones de la quinta fueron utilizadas por el gobierno estadal para el funcionamiento de una escuela granja, tal como es conocida en los Altos Mirandinos. Se organizó la escuela para niños de 12 años en adelante para prepararlos en las labores agrícolas y pecuarias. Eran jóvenes  de escasos recursos y muchos de ellos procedían de Barlovento y El Tuy. El primer director fue el profesor Gustavo Naim.  Se dictaban clases para Cuarto, quinto y sexto grado, en calidad de internos y  tenían derecho a salir cada quince días.
En sus prácticas, los estudiantes sembraban, criaban y hacían manualidades. Con el correr del tiempo se fueron  eliminando los grados. De educación del estado en 1965 pasó a ser centro nacional y el Ministerio de Educación creó un Diversificado. El primer director de este centro fue el profesor Carlos Alberto Di Giácomo, allá por los años 1962.
Antes de pasar a ser Unidad Educativa Diversificada se producían pollos, gallinas, chivos,  huevos y leche, los cuales eran vendidos en Caracas. Recuerdan los vecinos que la leche, almacenada en cántaros, era comprada por la Silsa, en Pro-Patria.
Toda esta actividad fue decayendo hasta que en el 2001 fue transformada en Escuela Técnica Agropecuaria Carrizal, de donde salen egresados técnicos medios para labores propias de esa misión:  agricultura y cría. Hasta el momento de escribir esta crónica han egresado dos promociones. Por su parte las personas que habitan en las instalaciones de la escuela aspiran que alguna institución les solucione su problema de vivienda. Mientras tanto fundaron la Sociedad Civil
Villa Josefina con la finalidad de realizar diligencias tendientes a resolver su problema de viviendas y servicios públicos. Queda por resolver lo de la propiedad de la Quinta. Luego de varias décadas los familiares y herederos de la propiedad reclamaron la misma. El Ministerio de Educación tuvo que reconocer la legalidad del reclamo. En la actualidad están tramitando comprar  toda el área para tener el derecho de propiedad.