miércoles, 3 de junio de 2015

La Farmacia de la Abuela (II)

LA FARMACIA DE LA ABUELA
(II)

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Canela
La corteza de canela, la ruda y la artemisa las utilizaba mi abuela en caso de retención menstrual. Hay mujeres que se ponen histéricas cuando presentan éste síndrome. 
Había en nuestro vecindario una mujer que se volvía literalmente loca cuando se avecinaba su proceso natural.  Esta pobre mujer corría por la quebrada desesperada y salía por el cafetal.  Nosotros, muchachos al fin, corríamos hasta darle alcance y cuando ya estaba cansada la atrapábamos con la ayuda de los muchachos más grandes y luego la conducíamos a la casa de mi abuela, quien la acomodaba en una cama y le hacía oler tintura de cuerno de ciervo (amoníaco), hasta que volvía en sí.
Ruda
Luego le aplicaba pediluvios (vaporizaciones en los pies) alternados con fuertes infusiones de canela o en su defecto, ruda y artemisa.  Secaba sus pies y colocaba medias a fin de mantener sus extremidades cubiertas y a buena temperatura; en el transcurso del día o la noche reaccionaba la noble dama incorporándose a su vida común.
Asimismo, atesoraba mi abuela en su alacena las flores secas de la rosa de montaña, envueltas en papel y dentro de un frasco limpio, seco y bien tapado.
Artemisa
Se presentaban casos de mujeres con derrames uterinos o conatos de aborto y acudía mi abuela con las virtudes curativas de ésta flor.
Siendo ya adulto, conocí esta planta cuya flor me impresionó por su exuberante belleza.  Tiene aplicación práctica en el tratamiento de quistes, fibromas y hemorragias uterinas.
La produce el Roso Blanco, árbol emblema del Estado Miranda, propio de los bosques húmedos y cálidos del norte del país.

José G. Salas



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