martes, 16 de septiembre de 2014

Bol. 10 / Dic. ´02. Panchito Mandefuá

LITERATURA: Cuento de Navidad

DE CÓMO PANCHITO MANDEFUÁ, SE FUE A CENAR CON EL NIÑO JESUS



     Con su caja de limpiar botas y su siempre insaciable apetito, Panchito Mandefuá se asomaba por las vidrieras de las confiterías y restaurantes, mientras pensaba: “…Algún día me como un pabellón entero, con barandas y con una ñema frita arriba del arroz, como que me llamo Panchito Mandefuá…”.  Y este acto ocurría con mucha frecuencia.
            Deambulando por las calles hasta bien entrada la noche, al pasar un transeúnte le decía: “…le limpio Don, le limpio…” “…por un real se los dejo pulidos…”
            Ya cansado de tanto caminar, Panchito se refugiaba siempre en el callejón donde Don Eulalio tenía el quiosco de periódicos y golosinas baratas; abría su “cama” de cartón u se acostaba a “soñar”.  Periódicos desechos le servían de cobija hasta que la humedad de la noche se los estropeaba y ahí si arreciaba el frío.  A veces compartía su “cama” con “Otelo”, el viejo perro de Don Eulalio, pero su sueño siempre era el mismo: Comerse un pabellón con barandas con una ñema frita encima del arroz.
            Como Panchito no era el único limpiabotas en el lugar, tenía que pelear con otros limpiabotas de la competencia.  A veces ganaba.  Otras las perdía, pero en fin, era parte normal de juego diario. 
            Conseguir un par de botas usadas que le quedaran bien, era otra de “sus necesidades”, y como la camisa que le habían regalado el mes pasado estaba sucia, necesitaba otra y     así entre sueños rotos y entrecortados, pasaba la vida y crecía Panchito.
            “…Me llamo Panchito Mandefuá…”, se decía para sus adentros, mentando el nombre que él mismo se había inventado, pues no conoció padre ni madre, pero en su defecto, tenía el aprecio de muchos mendigos y borrachitos de la zona en la cual deambulaba.
            Llegó diciembre con su característico frío y la gente apurada con las hallacas y las compras navideñas y Panchito como de costumbre, soñando con su pabellón, no se percató al pasar una calle de un automovilista irresponsable y quizá hasta borracho, que venía a toda velocidad.  Lo que se escuchó fue el golpe seco contra su humanidad y la caja de lustrar zapatos quedó a su lado, destrozada por el impacto.  Muchas personas corrieron hacia el lugar en el que estaba, allí sobre el pavimento, inerme, con sus botas rotas, su camisa sucia y su estómago vacío, Panchito Mandefuá.
            Era 24 de diciembre y como es muy normal en esos días, todo el mundo está en sus preparativos para la celebración del natalicio del niño Jesús.  Después de algunos minutos, llegó la policía, despejó el lugar y aparentemente todo volvió a la normalidad.  Fue así, como Panchito Mandefuá, partió a cenar con El Niño Jesús.

De: José Rafael Pocaterra

Versión Sinóptica: Hildemaro Mago
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