martes, 8 de diciembre de 2015

Cuatro Documentos Fundamentales de Carrizal (V)

Addenda

(Lecturas Complementarias)


1.    Epoima.
2.    Uquira.
3.    Rafael Encarnación Pérez León, hijo ilustre de Carrizal.
4.    Carrizal y los bienes culturales.
5.    Carrizal: morada del clima apetecido.
6.    Carrizal: pueblo de las flores.
7.    Carrizal: ciudad ecológica.
8.    Carrizal en la mira de los venezolanos.
9.    Carrizal en 1685.
10. Comadronas de Carrizal.


EPOIMA: Cacique de Carrizal.
A.L.V.

Cuando afirmo y confirmo que EPOIMA comandó en calidad de aliados de Guaicaipuro a los guerreros de su comarca, ubicada en las cumbres perennemente nubladas de Los Budares a Caricuao, cima actual denominada Pipe y de Peña Redonda o Macuare hasta Guareguare y sus bajíos, me expongo a que los estudiosos de la historia antigua de Venezuela y en especial de Los Altos de Caracas (posteriormente Altos de Guaicaipuro y hoy Altos Mirandinos) me demanden las pruebas fidedignas, e indiscutibles que se han servido de base y razón, para asignar tan enfáticamente la jefatura dela zona carrizalense (carrizaleña) a un aborigen desconocido hasta esta fecha en que lo muestro a cuerpo entero a la discusión pública y al conocimiento de las generaciones del presente y venideras. Tengo plena seguridad y raigal convicción de que EPOIMA luchó paladinamente dentro y afuera de sus trincheras contra los españoles, desde los años 1561 y 1569, demostrando un valor incomparable en las diferentes combates que lo tuvieron como jefe y conductor. Los elementos probatorios de mis aseveraciones figuran en “Fuentes Antiguas de las Historia Colonial de Venezuela”; en los tratados de MacPherson; “Papeles Coloniales (Aporte para la Historia de los pueblos del Estado Miranda)” de Andrés Hernández Pino, y en “Los Indios Teque y el Cacique Guaicaipuro”, del Hermano Nectario Maria (Louis Alfredo Silvano), y “Guaicaipuro el Cacique de Los Teques”, de Francisco Alejandro Vargas.
Para dar más detalles en lo relativo a EPOIMA, declaro ante mis lectores que el primer aval que me atribuyo consiste en más de diez años detrás de la huella del singular Cacique de Carrizal (espacio geográfico, hermano del Municipio Guaicaipuro, del Estado Miranda) cuyo nombre por vez primera encontré en un viejo mapa del latifundio de los Ascanio-Tovar, más tarde, lo volví a localizar en los terrenos comprados por doña Melchora Ana Tovar y Bañez al Capitán don Diego de Miquilena (1694), y quedó definitivamente corroborado en los papeles inherentes ala ENCOMIENDA concedida a Francisco Román(pág. 72-73 de “Los Indios Teques y el Cacique Guaicaipuro” del Hermano Nectario María, edición de Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos, Los Teques, 1987) donde expresa literalmente lo que sigue:
“Otrosí.- encomiendo en nombre de sus majestad real en vos Francisco Román el cacique Epoyma que vive en la comarca de Guacaypuro con todos los indios y capitanejos que a él sean sujetos y con él doy a vos todas sus tierras y términos según que le son anejas y pertenecientes e hago dicha encomienda sin prejuizio de terceros”. Varias líneas después, destaca el Hermano Nectario, lo siguiente: “Epoima (a veces escrito Opoyma), nombre de su principal o cacique, estaba radicado en el asiento o pueblo de Acagüaima”. Habrán constatado, que la existencia de Epoima fue una realidad histórica y es en esta hora de rescate de sus hechos y defensa del suelo ancestral, otro poderoso símbolo de los topos, bajos, vallejos y montaña del actual MUNICIPIO CARRIZAL enmarcado entre el Distrito Federal (Parroquia Paracotos, Municipio Los Salías), Parroquia San Diego y Municipio Guaicaipuro. Para ofrecer otros rasgos del valeroso titán, insertaré una cita final: “Habiendo Francisco Román hecho dejación de su encomienda, fue cedida a Juan Pascual, y muerto Pascual en lucha con los Quiriquires de Tácatas, pasó a manos; en 1574 de Juan de Gámez, y posteriormente a Francisco Tostado de la Peña, quien litigó tiempo después con Andrés González.
Epoima, aliado de Guaicaipuro, corrió en auxilio del Adalid alteño, pero llegó retardado, y observó lleno de rencor como los españoles, en furiosa cayapa con lanzas, espadas, trabucos y cuchillos, diezmaban a los aguerridos partidos del gran Jefe de Los Teques, y pudo únicamente dar protección alas mujeres que ocultas en los montes trataban de salvar sus vidas de la criminal acometida, dejando en completo abandono a Suruapo (Suruapay) el pueblo o palenque principal de la tribu, morada de sus mujeres y de sus hijos. Cuenta la conseja, que entre las mujeres estaba iracunda y rebelde UQUIRA, la más joven y bella de las esposas de Guaicaipuro (los caribes eran polígamos), la cual intentó avanzar desarmada hasta el escenario de la pelea, para morir con su amado, Jefe y esposo. Una leyenda asegura que Uquira (nunca Urquía) cayó en manos de los españoles y prisionera la condujeron junto con otras, a Caracas, de donde huyó cuando los partidarios de Guaicaipuro atacaron a sus carceleros.
Al morir Epoyma, enfrentado a los invasores, lo sustituyó en el mando su hijo Paneme (p. 72, cita 8 del libro del Hermano Nectario) previamente señalado.
Lo antes manifestado prueba un aspecto de la vida y obra del Cacique carrizalense (carrizaleño), mente y brazos que apuntaron siempre (en su época) a la dignificación de sus hermanos y al disfrute de la libertad.


 UQUIRA: Esposa de Guaicaipuro.
A.L.V.

Claroscuros y lisos los cabellos y largos hasta más debajo de al cintura; la piel del color de las hojas tostadas por la sequía: la cara llenita de expresiones mansas y provocativas en el dulce regazo delos mismos, pero agresivas y ariscas en los instantes iracundos: el cuerpo bien proporcionado, sin artimañas coquetas, con una cadera sugerente; las piernas graciosas, de jarretes bien torneados por el salto y agilidad para evadir sierpes, arácnidos y chamizales delas trochas en los bosques precipitados y quebrados;  pies menudos y descuidados, acostumbrados a las cuestas, resbalones, sendas ásperas, veredas estrechas y enredadizas; ojos de miradas inquisitivas, tiernos para las personas amadas y amigas, fieros y penetrantes al calor de la pugnacidad, y cobrizos, como aguas de remolino, después dela tormenta; sonrisa con dibujos de picardía en la escena familiar, desafiante a la hora del rencor; estatura baja típica de la etnia caribe. Con las anteriores características y varios admirables detalles, describen algunos autores de historia antigua de Caracas y sus contornos a la esposa más joven de Guaicaipuro, para unos llamada Urquía; para otros llamada Ziapa.
Información, pesquisas y revisiones de los escritos del Obispo Mariano Martí, Hermano Nectario María, Francisco Alejandro Vargas, Telasco Macpherson y otros, me han conducido a identificar aproximadamente la verdadera favorita del temible cacique dela tribu Teque, al conocer los nombres de las numerosas “compañeras” o esposas preferidas de los principales jefes, de sus parciales y colaboradores, elenco en donde resalta con tintes de ficción la belleza y encantos de una jovencita con el nombre de UQUIRA, amada de Guaicaipuiro y respectada por las otras “esposas” o mujeres del valeroso jefe alteño (los caribes practicaban la poligamia) posiblemente de origen chaima o cumanagoto, capturada en plena pubertad en la zona costera, más tarde dueña del amor del gran Teque, quien la adoraba entrañablemente y la halagaba con frutas, rizonas presas, peonías, colorantes y muchas otras prendas o abalorios de los montes.
Condenado a muerte Guaicaipuro y enviada una partida de españoles con baquianos para arrestarlo, en uno de esos días luminosos de diciembre de mil quinientos sesenta y ocho, salieron a mediodía a cumplir la comisión. A la caída del sol ubicaron el sitio exacto del palenque, aligera distancia de Suruapo o Suruapay, el pueblo o centro dela tribu (actualmente denominado El Vigía, en Los Teques). Pacientes esperaron que desapareciera el sol y asomara la tenue luz de la luna para acorralar al indomable jefe caribe, ignorando que el adalid estaba bien guarnecido y acompañado de su más confiable guerrero. Al surgir las primeras sombras dela penumbra Francisco Infante, acampó en la retaguardia, mientras Sancho de Villar bajo la protección de la espesura y el plenilunar, avanzaba sin prisa ni pausa. Cuando pensaron que dormían atacaron implacables, recibiendo un feroz contra ataque de Guaicaipuro y su gente. Los hispanos contaban unos cuarenta hombres dotados de mosquete y espadas, y en tres o cuatro asaltos comprendieron lo inexpugnable del reducto, motivo para determinar otra manera de reducir al indomable enemigo, lo cual consistió en quemar el vivac, acción cobarde que repentinamente apuntaló la presencia del Cacique y sus veintidós partidarios en el campo del honor, desafiando el peligroso contrincante, antes que morir quemados.  
Uno de los vigías de Epoima, que velaba apostado en el lugar titulado en el pasado “centro del Indio” (hoy Pan de Azúcar, en los linderos de las ciudades de Carrizal y Los Teques) notó a la media noche candelas muy pronunciadas en le pueblo de Suruapo y al acto llevó la noticia a su Jefe, el valeroso Epoima, cacique principal delas montañas de Cuguaime (Acuguaima o Cuguaime) en el actual Municipio Carrizal(1), quien decidido a la pelea salió con sus flecheros a conocer las causas del incendio y prestar los auxilio a su aliado, y muy cerca del punto apreció la criminal hazaña del invasor y el pánico de las mujeres ocultas en los barrancos para evitar violaciones y maltratos. Mientras caminaba cauteloso, pudo amparar a Uquira que intentaba llena de rabia penetrar en el terreno del combate, luego de abandonar el poblado e indicar escondites a los ancianos, mujeres y niños, y enfermos por heridas en peleas anteriores al enfrentar Guaicaipuro a los hispanos. Visto el triunfo, inmediatamente acudió Infante y los suyos, reforzando a Del Villar e impidiendo la confrontación pretendida por Epoima que deseaba aprovechar la confusión de los vítores del éxito para vengar la muerte de su amigo.
A los pocos días, mientras Epoima y un grupo de su capitanejos cazaba y buscaba raíces y tubérculos silvestres, los peninsulares al mando de Francisco de Maldonado, tomaron el poblado de Cuguaime, raptando a las mujeres y niños de pecho, pero admirado Maldonado por la fresca hermosura de Uquira, la ató a las demás, después de vencer sus arrebatos, dentelladas, forcejeos y amagos de huir. Al regresar Epoima, los ancianos y niños que escaparon a la agresión le dieron razón del suceso. Con el objeto de rescatar a Uquira, Epoima excursionó en diversas ocasiones hasta el cautiverio de la que fuera preferida de Guaicaipuro, la que bien vigilada por su cerril carácter, permanecía encerrada en prisión.
Cuenta la leyenda que mientras estuvo presa, dejó de comer, tratando siempre de escapar, y datos confiables aseveran que una noche de aguas torrenciales, el cacique de Cuguaime pudo flechar a los guardianes y salvar del estupor y del ultraje a la indomable mujer, y durante meses la mantuvo en punto secreto e iba a llevarle alimento en compañía de parciales y sus mujeres, cuando atacado en una emboscada cayó mortalmente herido en desigual pelea. Obligada una de sus esposas  con amenazas de brutales torturas, para que revelara el refugio, los condujo a una pequeña gruta, y refiere la leyenda o el relato, que al percibir UQUIRA a los rudos verdugos blancos, entró hasta las estrechas profundidades de la espelunca, y los perseguidores desorientados ante la esfumación únicamente toparon una vistosa ave conocida como PAVITA, cuyo designativo científico es Penélope Jacquacu, y en lo sucesivo llamada indistintamente Pavita o Uquira. Nunca más se supo nada de Uquira, posiblemente quedó sepultada en la oquedad o escapó para desaparecer de los escenarios que fueron testigos de sus dichas y pesares. Para el común de su gente, a la vez, y la evolutiva de futuro la ha mantenido en su memoria y el afortunado acto mágico o casualidad que en situación dificultosa, la convirtió repentinamente en un ave graciosa e inofensiva, muy común en nuestra floresta.    



(1) Acuaguaima, y otros caseríos formaban la población del territorio en donde hoy está situado nuestro municipio.

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